Por: Por: Luciana Rosende @lucianamagali / Tiempo Argentino
“Era una escuela fantasma”. Así describió la docente Nancy Godoy al lugar en el que trabajaba, la Escuela Rural N° 626 de Corrientes. La definió con esas palabras debido al estado en el que la encontró: sucia, inhabitable y sin alumnos, porque quien debía dar clases no asistía desde hacía tiempo. En ese ámbito inhóspito, la maestra fue asesinada de forma “extremadamente violenta”, según reveló la autopsia. Los cortes y el paso del tiempo sobre el cuerpo, que permaneció 21 días desaparecido, impidieron probar si existió abuso sexual. Sí quedó evidencia de los intentos de “lucha o defensa” ante el femicidio, en medio de la enorme estancia El Curupí. Un asesinato (otro más) que a su vez, refleja la precariedad e indefensión de las maestras rurales.
La localidad correntina de Esquina, donde vivía Nancy, está consternada. “La ciudad está triste, hay una tensión en la calle que se siente”, dice una profesora local que prefiere mantener su identidad en reserva. Por miedo. Da clases en tres escuelas rurales de la zona. “Para llegar hay que atravesar caminos intransitables –describe–. Y no tenemos señal. Mi familia no sabe nada de mí cuando me voy. Hasta que llego a la escuela rogando que funcione el wifi, porque anda a medias”.
Sobre el paraje de El Malezal, donde trabajaba Nancy, dice que “es una zona inhóspita total, horrible”. No conocía a Nancy más que de vista (“porque Esquina es como un pueblo grande”) pero supo por contactos en común que la maestra estaba preocupada por el impacto de El Niño, un fenómeno que ya está haciendo estragos en la zona: “Había agarrado ese cargo porque veía que en su casa estaba goteando mucho y tenía miedo. Quería tener esa plata para hacer arreglos, por eso tomó el cargo”. Nancy había comenzado a trabajar en agosto. Nunca llegó a cobrar.
Walter Diris, periodista en Esquina, comenta que la comunidad “nunca se caracterizó por marchar. Hubo algunos crímenes, pero cuando convocaban a marchar era poco el acompañamiento. Ahora pasó todo lo contrario. Creo que es por el momento que estamos viviendo. Por la situación social, económica. Estamos complicados. Por eso pega mucho. Si la docente tenía para elegir estar ahí o irse a otro establecimiento, se hubiera ido. Lo que Nancy quería era trabajar”.
A Fernando Ramírez, del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Corrientes (SUTECO), le llama la atención que nadie haya alzado la voz por el estado de la Escuela 626 antes de la llegada de Nancy. “La gente de los pueblos y parajes cuida las escuelas, quieren que los maestros den clases. Si faltan, empiezan a quejarse. Hubo casos de docentes removidos por eso. En este caso había un profesor que no iba y no se decía nada. Era una escuela escondida en medio de un latifundio. Nancy llegó con ganas de trabajar y dio testimonio de lo que sucedía”, relata a Tiempo.
Ramírez conoce bastante el lugar. Es de la zona sur: «Nos parece raro que tardaran tanto en encontrarla. Todo nos da duda. Agarraron a un peón, lo reventaron a patadas y quedó internado. Todas esas cosas son raras”. En las marchas que se vienen haciendo en la provincia, tanto en Esquina como en la capital correntina, el pedido de Justicia por Nancy se cruza con el reclamo por Loan Peña, el niño de cinco años desaparecido desde 2024. Ramírez también habla de Loan.
Señala, entre los aspectos llamativos, la presencia de abogados como Fernando Burlando –que empezó a representar a los hijos de Nancy cuando la mujer aún permanecía desaparecida- y Norberto Codazzi, representante del peón detenido. Ambos intervinieron también en el caso del niño. “Todo es raro. Por eso trazamos el paralelismo con Loan. Nos falta un alumno hace dos años y ahora asesinan a una compañera”, enlaza.
“Esto ha conmocionado a la docencia argentina. Planteamos dos ejes de discusión: pedimos justicia por Nancy, tener claridad absoluta de quiénes son los responsables del asesinato, y enmarcamos el tema en la situación nacional de deterioro del presupuesto educativo”, señala Sonia Alesso, secretaria general de la Central de Trabajadores de la Educación (CTERA), que el jueves último llamó a un paro nacional tras el femicidio de la maestra y directora rural.
“Los docentes que trabajan en la ruralidad, en zonas de fronteras o en periferias están viviendo en situaciones muy graves. No solo en términos salariales, sino de condiciones de trabajo. Decimos que hay una responsabilidad del estado provincial y del nacional en las condiciones de trabajo de la compañera. En la ruralidad hay una particularidad: muchas veces no hay transporte. Ella hacía la última parte del recorrido a caballo. Era personal único en su escuela; hay un video que filmó mostrando cómo estaba el lugar. Todos vimos que era imposible trabajar en esas condiciones”, remarca Alesso sobre la suciedad, la falta de agua, luz y baño, la desprotección absoluta en la que se encontraba el lugar de trabajo de Nancy.
“Hay compañeros que se desempeñan en contextos graves, siendo personal único, sin conectividad. Si les pasa algo a ellos o a un niño, es un tema grave”, describe sobre una realidad que afecta a muchas de las más de diez mil escuelas rurales primarias de Argentina. Aclara que no es un tema exclusivo de Corrientes, sino que hay “miles de escuelas de personal único (sobre todo en el norte del país). Hemos pedido históricamente la creación de cargos”.
“Nancy fue asesinada en el marco de estar llevando adelante su trabajo y habiendo denunciado las condiciones en que lo hacía. Se pudo haber evitado. Ese el dolor que hoy tienen los docentes en todo el país”, lamenta Alesso.
Alicia Cantero fue docente rural en Corrientes por más de tres décadas, hasta 2023. Trabajó en Escuelas de la Familia Agrícola (EFA), para estudiantes secundarios. Pero siempre en conexión con las primarias rurales. “Conocí muchas Nancy en mi vida”, remarca. A partir de su experiencia, cuestiona que “la educación rural no está visibilizada. Ni está en la agenda política. Cuesta mucho obtener los recursos, las ayudas. Corrientes es una provincia conservadora, de mucha precariedad, escasos recursos, niños en zonas muy aisladas”.
El docente rural va a caballo, caminando, a dedo la mayoría: «Quien transita la Ruta 12 no puede decir que nunca se cruzó con un maestro haciendo dedo. Lo tenemos naturalizado pero no está bien. No hay medios de transporte que lleguen al medio rural, salvo excepciones. Los departamentos como aquel donde pasó lo de Nancy son zonas muy alejadas. No hay ningún tipo de comunicación. Es común que haya escuelas dentro de estancias. Fueron construidas para que los hijos de los peones pudieran concurrir. En esos lugares el Estado está presente para dar un certificado de estudios, pero para el resto de las cosas la mayoría de las veces está ausente”.

Nancy Godoy dejó una larga carta escrita en letra azul cursiva para dar cuenta del estado de abandono en el que encontró la Escuela Rural 626 de Corrientes. Describió un lugar donde “los pupitres estaban llenos de mugre”, con “libros mojados” y donde “no existe un mástil, solo un hierro donde se coloca la bandera; por cierto estaba rota y sucia y no se distinguían los colores celeste y blanco”. La descripción más gráfica de un Estado ausente.
El último mensaje que envió Nancy a su familia fue el 7 de octubre. El silencio de los días siguientes no llamó la atención, porque la falta de señal era habitual. Pero el miércoles 14, tras una semana sin noticias, sus hijos denunciaron la desaparición.
El viernes 16 fue detenido el peón Ernesto Bordón, acusado de falso testimonio tras dar versiones contradictorias. El martes 20 fueron detenidos los vecinos Rosa Leguizamón y su pareja, Nahuel Rojas, últimos en ver a la víctima. Al día siguiente fueron arrestados Ireneo Felipe Zarza, capataz de la estancia El Curupí, y Felipe Dionisio Sandoval, trabajador del predio. El cuerpo fue hallado el miércoles 28, con cortes y semisumergido.
El capataz está señalado como presunto autor material. Sandoval y Rojas, coautores. Leguizamón, coautora de homicidio simple. En Esquina llama la atención la idea de una planificación grupal: por qué no se investiga también a los dueños del latifundio.
“Lo que deja a las claras el caso de Nancy es que esa es la realidad de millones de argentinitas y argentinitos en escuelas rurales. Lo venimos planteando hace tiempo. En Argentina hay muchos colegios en estas condiciones. Particularmente, en el Noreste y el Noroeste. En contextos de ruralidad y pobreza absoluta. Con problemas de infraestructura, con el desfinanciamiento atroz del sistema educativo que se acrecentó en los últimos tres años a partir de la desaparición del Ministerio de Educación de la Nación”, repasa Fernando Ramírez, del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Corrientes (SUTECO).
Entre los problemas del día a día señala que “hay pocos supervisores y no tienen movilidad. A Nancy la acercaba hasta la escuela la propietaria de la estancia. La mayoría de las escuelas rurales están sostenidas por la comunidad educativa, la gente del paraje, las cooperadoras, los municipios y particularmente por maestros y maestras, que ponen parte de su salario para sostener la escuela”.
Todo esto, en un contexto de “fuerte desocupación en la provincia. Dependemos mucho del trabajo estatal, como el docente. Nancy esperó mucho tiempo para llegar a esa escuela. En algún momento el salario era importante, pero ahora rondaba el millón y medio. La escala salarial se destruye por tener un básico que es una vergüenza”, critica.
“Lo grave es la ausencia del Estado: mataron a una docente que estaba trabajando en las peores condiciones”, acota en relación al femicidio.
Según datos difundidos en 2023 a través de un informe de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), en Corrientes hay 906 escuelas primarias comunes, de las cuales el 70% son rurales, con una matrícula de más de 23 mil estudiantes y más de 2.600 cargos docentes. Muchas como personal único, a cargo de todo. Era el caso de Nancy Godoy.